I

Febrero 7, 2010

Nota preliminar: Hace mas de un año hice una entrada, “Introducción“, en la cual puse una nota preliminar diciendo que era una historia que empecé hace más de un año (por tanto, ya tiene mas de dos años). También puse que me comprometía a publicar un capítulo de vez en cuando. Espero no publicar un capítulo por año, porque escribirlo no lleva mas de dos horas.

Aquí va otro capítulo. No obstante, la experiencia de la vida -poca- recogida durante este tiempo me ha ayudado a retocar un poco el capítulo y poder ver mejor sus errores. Aquí va.

Se despertó. Le había costado dormirse, y ahora ya se había desvelado. Eran muchos recuerdos, mucha nostalgia la que ahora tenía que dejar atrás y empezar, como quien dice, de cero.
La persiana estaba entreabierta, y entraba suficiente luz nocturna como para que la pupila, ya acostumbrada, pudiera ver la habitación. El cuarto parecía de niña. Al entrar a la habitación, dejas a la izquierda un escritorio donde hay un ordenador, y más adelante la cama, que llegaba hasta el fondo de la habitación. Al lado, una repisa con fotos, adornos y libros. Por la derecha, un armario y una mesa con varios cajones.
Deseaba que comenzara el día, para quitarse ese peso de encima y poder comenzar. Cambió de postura, e intentó no darle más vueltas, y así coger energías para lo que le esperaba.

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¿Por qué? (I)

Junio 14, 2009

¿Por qué mi madre da mas voces cuando habla por el móvil que cuando está en la cocina y me llama?

En el bar

Mayo 21, 2009

Las cañas vacías ya se alinean en la mesa. El sol ejerce una fuerza notable sobre los párpados. Vale, no queda más remedio. me desabrocho el primer botón del vaquero que, ahora que me fijo, tiene una mancha. Lo toco. Aceitillo… esto es culpa de las alitas. Siento haber comido tantas alitas que voy a echar a volar de un momento a otro. Me iría sin pagar, pero me desmayaría en el intento. Mozo, otra caña, anda. Me paso la mano por la frente. Resbala como mármol recién pulido. ¿Me ha escuchado el cabrón?

Es inevitable, cómo no me voy a acordar. Menudo polvo ayer. Dos años por lo menos sin mojar el churro. ¿Cuántos me quedan hasta el siguiente?

¿Voy al baño y me la casco?

- Oye, déja de tocarte el paquete desde el bolsillo, hijoputa. ¿Has visto aquel grupo de jacas?
- Eh… ¿las de la barra?
- Sí. Dios, la morena.
- Vamos.

Coño, cómo me sube la cerveza. No tenía que haberme levantado tan rápido. Qué ímpetu. ¿Les entro o no les entro? Qué coño, si de cerca son más feas. Esta noche, si eso. Ahora necesito descansar. Que les jodan a esas zorras, ahí, provocando. Guarras. Que sol hace.

En fin, ya que estoy a medio camino, voy al baño. Al de las tías, que me da morbo.

De camino a la Copera

Mayo 7, 2009

El texto que cito a continuación no es mío, es de un amigo, pero viene a raíz de una mini anécdota que pasó entre mi hermano y yo. En verdad, no tiene el mismo poder oralmente que textualmente (no se puede dar la entonación clave para el humor), pero procedo a plasmarlo aquí, primero, por el gesto de recreación de mi amigo, y segundo, porque son pequeños recuerdos que gusta recordar y que, por desgracia, ya había olvidado (he corregido unas pocas faltas ortográficas).

Me desperté por unos leves y constantes movimientos. Casi había perdido la noción del tiempo. Creí haberme levantado tarde pero, de repente, me habló una voz muy conocida pero no pude relacionarla con nadie que conociese.
- David, me voy a un concierto -dijo aquella sonora voz-.
- ¿Adónde? -respondí casi sin advertirlo, automáticamente.-
- A la Copera -prosiguió aquella voz que ya relacioné con alguien que conocía-.
-¿A la Copera?- repetí parafraseando a mi hermano, intentando recuperar mi memoria sobre ese lugar. Derrepente me dí cuenta que no era un lugar adecuado para Danie
- ¿¡A la Copera!?- Grité alarmado- ¡Foh!- dije desanimado recordando la perdida de mi compañero Gregorio en aquel lugar.
Caí rendido en la almohada. Después de una larga y parsimonosa pausa dije:
- De acuerdo, ¡pero ten cuidao con lo que haces, niño!

Empecé a correr. Tenía que llegar antes que él. ¡Ja! se le puso el semáforo en rojo. Ya puedo dejar de correr. He ganado. Veo que un anciano también quería ganarle. Pero llegaba tarde.Ya el semáforo se había puesto en verde. Así que decidió cruzar la carretera interponiéndose, para que él, osea, el autobus, parara, y así el anciano pudiera subirse.

Había muy poca gente. Aunque era normal, ese día, a esa hora… y ahora a hacer trasbordo. Qué suerte de nuevo, mi nuevo autobus está justo detrás. No he tenido que hacer esperas.

Iba ya a mitad de trayecto, sumergido en mi música, mirando desde el cristal, la ciudad nocturna, llena de luces variadas, y vacía de gente. Y de pronto, no sé cómo, había subido al autobús esa persona de la que tanto se habla pero nunca se sabe. Iba de sitio en sitio. Pronto llegaría al mío. Tuve que sacar mi bonobus y dárselo, lo pasó por una máquina y vió que todo estaba en orden. Y siguió haciendo su trabajo.

Así que existe el “picador de billetes”… ¡creí que era mentira! Aunque no se que hace comprobando un dia a una hora cuando no hay apenas pasajeros…

Mérito

Abril 16, 2009

Para ver el arcoiris has de soportar la lluvia

- Flowklorikos

Santa Inocencia

Abril 1, 2009

Esto es más por el recuerdo que tiene del suceso mi hermano que de mi recuerdo propio, ya que yo todavía no tenía gran uso de la razón -en verdad tampoco es tan diferente al uso actual-. Fue tal que así:

Pongamos dos y media de la tarde de un dia cualquiera entre semana. Toda la familia sentada en la mesa, comiendo. Padre, que viene agotado de trabajar. Madre, cansada de el quehacer cotidiano. Hermanos -no recuerdo- o estudiando o trabajando.

Yo, inocente personita comenzando el interminable camino hacia el conocimiento, con la mente rebosando de eso en que piensan los prepúberes.

Bajo este contexto tan cotidiano y aburrido, yo, persona que se movía -y sigo moviéndome, pero en aquella edad era más intesamente- por el afán de protagonismo quería amenizar la estancia de todos allí reunidos, quizás el único momento en que nos reuníamos a lo largo y ancho del día. ¿Cómo amenizarla? Hombre, los chistes de Groucho Marx nunca fallan, pero mi ignorancia hacia esta ilustre persona en aquellos momentos era total. Entre otras alternativas, elegí la más graciosa. “Sí, la más graciosa con diferencia”, imagino que pensaba.

Solté, supongamos, la cuchará que se hundió entre el puchero. Me levanté. Quedé de pié sobre la silla. Diendo la espalda a la mesa, doblé mínimamente las rodillas. Mi sonrisa pensando en el resultado cambió ha el apretar de dientes característico de cuando haces un esfuerzo. Así… (como decirlo literariamente… rayos y centellas, no sé) me tiré un peo de épicas proporciones. Una risa maquiavélica siguió a tan prodigioso acto. Un guantazo de procedencia desconocida llegó en gran brevedad. Y así es como un chavalín pasa de la risa al llanto inconmesurado.

Maldita memoria

Marzo 23, 2009

De nuevo me ha vuelto a la memoria, mejor dicho, a la consciencia, porque en la memoria a seguido todos estos, ¿cinco? ¿seis años? O menos, yo que sé. Me cago en la puta.

Yo recibí como legado de mis hermanos mayores una serie de libros que ellos adquirieron a mi edad en sus tiempos. No eran unos libros cualesquiera. Eran libros-juego. Seguro que mucha gente los recuerda, y seguro que con mucho cariño. 

El caso es que jugué a los que llegaron a mis manos. Con más o menos trampa, yo era una criatura. Recuerdo uno, que es el único que sigue en mis estanterías, ya que los otros volvieron a sus verdaderos dueños, que no era como los demás, de un aventurero de capa y espada, no. Iba de detectives. Vamos, averiguar quién ha sido el asesino.

Joder, recuerdo que jugando, en una tirada a los dados (más los pocos puntos de suerte que tuviera tu personaje) te la jugabas a ver si un pedrusco te daba en el coco y te lo habría o por el contrario lo esquivavas con elegancia. Pues sí, ahí se me acabó el juego. Pero no se acabó mi instinto de curiosidad. Tuve que hacer como si nada y averiguar el puto asesino.

Decidí olvidar el nombre del asesino para así poder volver a rejugar el libro en otro momento en condiciones de honradez. Pues nada, ya te digo, un lustro ha podido pasar y todavía sigue en mi recuerdo. ¿Por qué me tengo que acordar de algo que quiero olvidar?

NOTA: Había pensado poner el nombre del asesino, pero qué estupidez, entonces si lo olvidara y leyera el blog mandaría el blog a la mismisima puta mierda (Mi profesor de lengua diria… “Miren una mente pensando”).

¿Qué es?

Marzo 13, 2009

Aún recuerdo aquella exhaustiva investigación que hubimos realizado cuando hallamos aquel objeto que no sabíamos qué era. Lo primero, preguntábamos a gente, que por su mayor experiencia en la vida nos podrían ayudar, y lo peor es que mostraban interés, bien sea por demostrar sabiduría, bien sea por simple curiosidad; pero cuando ya veían el objeto, todos se negaban taxatívamente a revelarnos la función del objeto. Ni siquiera su nombre. Algunos lanzaban preguntas al aire, otros enseñaban una tímida sonrisa, pero nada daba pié a que nosotros, menos conocedores del mundo, pudiésemos averiguar qué era.

Y eso, a esa edad, es lo peor que te puede pasar. Ese afán de conocimiento y curiosidad que nos invadía venía acompañado. Venía acompañado a que nos lo tomábamos como un juego. 

Y entonces nos acercábamos. Algunos más valientes, o insensatos, querían tocarlo. Pero nos habían dicho que no lo tocásemos, y los más precavidos se encargaban de hacérselo recordar. Apreciábamos que parecía húmedo. Parecía un simple plástico. ¿Por qué no lo podíamos tocar? Nos íbamos, y cuando volvíamos, seguía allí. 

A lo largo de aquella mañana, un chaval del barrio que se juntaba poco con nosotros apareció. Decidimos hablarle del hallazgo, y con aires de alteza dijo que quizás nos podía ayudar. Ya desesperados, no perdíamos nada. Incluso si nos mentía, no nos daríamos cuenta, pero por lo menos ya habría acabado el quebradero. Y efectivamente, afirmó que sabía lo que era. 

Más tarde, cuando creyó que ya se había reído suficiente de todos, nos dijo qué era. Un preservativo. Nos hubimos quedado igual. El chaval se fue y no compartió más sus conocimientos. Nosotros sólo nos quedaba nombrarlo delante de nuestras familias esperando una reacción en ellos.

Indescriptible

Marzo 12, 2009

Pasaron cinco minutos y todavía el campo de texto donde se introduce el título de la entrada estaba impoluto. Pensé que sería, sencillamente, indescriptible.

Situación 1. Hora del recreo. Nos dirigimos ha nuestro sitio de siempre, a tomar vitamina D procedente del gran astro. Pero hallábase ya ocupado por prepúberes. Entonces, el sujeto que nos ocupa y que tildo de Indescriptible, habló:

- Procedamos a ocupar nuestro sitio de antiguo antaño.

Situación 2. Nos hacen entrega de un ejercicio ya calificado. Nuestro sujeto vió mi calificación, y volvió a hablar:

- Tío, eres la… cómo diría yo… la personificación en persona.