El céntimo
Septiembre 18, 2008
Nota del autor: Se regala un céntimo al que tenga valor para leerse el relato entero.
Con el estómago lleno y sin posibilidades de hacer nada más productivo, nos dirigimos a un local para jugar unas partidas a los futbolines, ese gran invento, En un día y en una hora tan trivial que estaba casi vacío. Y eso que el salón éste es un crisol de culturas tribus urbanas.
Concentración, fuerza, risas, reflejos, astucia, todo en un cóctel agitado, no removido. Las bolas van cayendo, de un modo más o menos inesperado, por las porterías y, con ellas, las monedas. Nuestra burbuja explotó cuando divisamos a 3 muchachos peculiares. A simple vista tenían algo cada uno que los caracterizaba.
El primero -por empezar por alguno- era el tipo del 11-8-11, pero con “melena” 100% real. El segundo tenía cara de guiri, y con el pelo anaranjado tardó milésimas en ganarse el apodo zanahorio; Como bonus diré que llevaba un pantalon de pitillo negro. El tercero era un tipo tan del montón que ni me acuerdo de él. No tengo su recuerdo. Pasó desapercibido.
Poco tardamos en volver a nuestra burbuja. En un apretón tuve un fugaz encuentro con el orinal, y entonces pude observar como los individuos hacian el panoli en un futbolín. Nada fuera de lo normal.
Nos estábamos ya quedando sin pasta cuando uno de los tres magníficos -entiende que no sepa cual, hay que poner los 5 sentidos en el partido- pone una triste moneda de 50 céntimos en la bandejilla que hay al borde del futbolín -que, por cierto, ya que sacas el tema, ¿sirven para las colillas, los chicles, las monedas, o para que coj…?- sin decir nada, muy silencioso el personaje, sí. Nosotros, ávidos, en un alarde de inteligencia y astucia, captamos el mensaje de que querían jugar contra el que ganara.
Por desgracia -¿o por suerte?- yo y mi compañero perdimos, a lo cuál, para quitar hierro al asunto y confirmar mis sospechas, pregunté a los chicos tímidos:
¿Entráis a jugar o qué?
A lo que accedieron. Mi compañero y yo, para ahogar las penas, nos fuimos a jugar otro juego 1 contra 1. Cuando volvimos aquello estaba finiquitado. Por lo poco que vimos, se notaba la destreza y la experiencia que derrochaban dos de los tres magníficos. Cuando hubimos preguntado por el resultado, nuestros amigos se limitaron a encajar el palizón.
Quería probar de qué estaban hechos esos tipos duros. Pero la estadística, que para algo está, decía que nosotros ibamos a durar menos que nuestros predecesores. Y la crisis económica que nos azota decía que no merecía la pena malgastar así 50 céntimos. Así que decidimos malgastarlos entre nosotros, que al menos hay buen rollito.
Nuestros tres protagonistas, obviamente, se sintieron mancillados, usados, tangados, con las bragas bajadas y el culo al aire. ¡Que desfachatez!
Mientras nosotros imáginabamos sus caras, a cuadros, parecidas a un puzzle. Y así comenzamos la que pudo ser la partida más graciosa. Los otros, marginados y habiendo sucumbido ante nuestra poca verguenza, deciden retirarse, pero por la puerta grande. Al pasar por nuestro lado, en un momento de derroche de originalidad, humor y venganza, ponen una moneda de 1 céntimo en la bandejilla del futbolín mientras hacen algún comentario -que no recuerdo, pero me imagino- de “Venga que entramos con 1 céntimo” y risas varias.
Si señor, como nos la hicieron. Pusieron el listón bien alto. Cuando el ritmo de juego bajó, y pude fijarme en que habían puesto un mísero céntimo de euro, entré en un estado mecánico. Alargué la mano, lo cogí, afiné mi -poca- puntería y les devolví el céntimo por via express. Y además con mensaje:
El céntimo se lo das a tu puta madre.
No, no le dí a ninguno. En cambio, dió en una columna revestida con algún metal que hizo que la minimoneda resonara de manera un tanto inusual, por la cual los tres señores que nos ocupan entraron en fase de alerta. No sabían si irse o quedarse, si hacernos otra gracieta o no. Pero mientras ellos nos miraban amenazadores, nosotros nos reíamos con las anécdotas del partido que estábamos jugando.
El epílogo
Ellos encontraron un rival de su talla y nosotros seguimos jugando hasta que el hambre se apoderó de nosotros de nuevo. Gran bocadillo me comí.
[La foto se llama "Macro centimo 18mm" y es de ancarist. Vía Flickr.]

Me lo he leido entero, mi centimo para cuando?
Pues para cuando vengas, te doy todos los céntimos que quieras hermosa.
Dani, tienes el poder de sorprenderme más cada día. Adoro tu forma de escribir porque en ella se ve reflejada tu personalidad, la cual, como sabes, me parece fascinante. solo tú eres capaz de convertir una historia tan absurda como esta en algo ameno e, incluso, divertido. Tus relatos son tan especiales como nuestras conversaciones…pueden no tener sentido, pero me hacen reir en el peor de mis días.
Por todo lo que eres y todo lo que significas para mí te aprecio tanto. Eres único Dani, simplemente único…
Me has sorprendido, no sabía que lo de escribir te gustase… Lo cierto, que aunque la historia es algo absurda y sin sentido, has logrado convertirla en un relato interesante y que, como dice laura reflejando mucho tu personalidad.
Si me pongo un poco exigente, podría decir que el final sabe como a poco despues de toda el relato.
Me a gustado mucho y estaría bien que siguieses escribiendo y contases mas de esas absurdas historias que seguro me engancharía a leer con ese punto que le da el “autor” para que la historia no parezca tontería y sea interesante, amena y divertida…
Un abrazo, cuidate…
nos vemos el lunes zumbao!
teq..
anii.