De camino a la Copera

Mayo 7, 2009

El texto que cito a continuación no es mío, es de un amigo, pero viene a raíz de una mini anécdota que pasó entre mi hermano y yo. En verdad, no tiene el mismo poder oralmente que textualmente (no se puede dar la entonación clave para el humor), pero procedo a plasmarlo aquí, primero, por el gesto de recreación de mi amigo, y segundo, porque son pequeños recuerdos que gusta recordar y que, por desgracia, ya había olvidado (he corregido unas pocas faltas ortográficas).

Me desperté por unos leves y constantes movimientos. Casi había perdido la noción del tiempo. Creí haberme levantado tarde pero, de repente, me habló una voz muy conocida pero no pude relacionarla con nadie que conociese.
- David, me voy a un concierto -dijo aquella sonora voz-.
- ¿Adónde? -respondí casi sin advertirlo, automáticamente.-
- A la Copera -prosiguió aquella voz que ya relacioné con alguien que conocía-.
-¿A la Copera?- repetí parafraseando a mi hermano, intentando recuperar mi memoria sobre ese lugar. Derrepente me dí cuenta que no era un lugar adecuado para Danie
- ¿¡A la Copera!?- Grité alarmado- ¡Foh!- dije desanimado recordando la perdida de mi compañero Gregorio en aquel lugar.
Caí rendido en la almohada. Después de una larga y parsimonosa pausa dije:
- De acuerdo, ¡pero ten cuidao con lo que haces, niño!

Empecé a correr. Tenía que llegar antes que él. ¡Ja! se le puso el semáforo en rojo. Ya puedo dejar de correr. He ganado. Veo que un anciano también quería ganarle. Pero llegaba tarde.Ya el semáforo se había puesto en verde. Así que decidió cruzar la carretera interponiéndose, para que él, osea, el autobus, parara, y así el anciano pudiera subirse.

Había muy poca gente. Aunque era normal, ese día, a esa hora… y ahora a hacer trasbordo. Qué suerte de nuevo, mi nuevo autobus está justo detrás. No he tenido que hacer esperas.

Iba ya a mitad de trayecto, sumergido en mi música, mirando desde el cristal, la ciudad nocturna, llena de luces variadas, y vacía de gente. Y de pronto, no sé cómo, había subido al autobús esa persona de la que tanto se habla pero nunca se sabe. Iba de sitio en sitio. Pronto llegaría al mío. Tuve que sacar mi bonobus y dárselo, lo pasó por una máquina y vió que todo estaba en orden. Y siguió haciendo su trabajo.

Así que existe el “picador de billetes”… ¡creí que era mentira! Aunque no se que hace comprobando un dia a una hora cuando no hay apenas pasajeros…

Santa Inocencia

Abril 1, 2009

Esto es más por el recuerdo que tiene del suceso mi hermano que de mi recuerdo propio, ya que yo todavía no tenía gran uso de la razón -en verdad tampoco es tan diferente al uso actual-. Fue tal que así:

Pongamos dos y media de la tarde de un dia cualquiera entre semana. Toda la familia sentada en la mesa, comiendo. Padre, que viene agotado de trabajar. Madre, cansada de el quehacer cotidiano. Hermanos -no recuerdo- o estudiando o trabajando.

Yo, inocente personita comenzando el interminable camino hacia el conocimiento, con la mente rebosando de eso en que piensan los prepúberes.

Bajo este contexto tan cotidiano y aburrido, yo, persona que se movía -y sigo moviéndome, pero en aquella edad era más intesamente- por el afán de protagonismo quería amenizar la estancia de todos allí reunidos, quizás el único momento en que nos reuníamos a lo largo y ancho del día. ¿Cómo amenizarla? Hombre, los chistes de Groucho Marx nunca fallan, pero mi ignorancia hacia esta ilustre persona en aquellos momentos era total. Entre otras alternativas, elegí la más graciosa. “Sí, la más graciosa con diferencia”, imagino que pensaba.

Solté, supongamos, la cuchará que se hundió entre el puchero. Me levanté. Quedé de pié sobre la silla. Diendo la espalda a la mesa, doblé mínimamente las rodillas. Mi sonrisa pensando en el resultado cambió ha el apretar de dientes característico de cuando haces un esfuerzo. Así… (como decirlo literariamente… rayos y centellas, no sé) me tiré un peo de épicas proporciones. Una risa maquiavélica siguió a tan prodigioso acto. Un guantazo de procedencia desconocida llegó en gran brevedad. Y así es como un chavalín pasa de la risa al llanto inconmesurado.

Maldita memoria

Marzo 23, 2009

De nuevo me ha vuelto a la memoria, mejor dicho, a la consciencia, porque en la memoria a seguido todos estos, ¿cinco? ¿seis años? O menos, yo que sé. Me cago en la puta.

Yo recibí como legado de mis hermanos mayores una serie de libros que ellos adquirieron a mi edad en sus tiempos. No eran unos libros cualesquiera. Eran libros-juego. Seguro que mucha gente los recuerda, y seguro que con mucho cariño. 

El caso es que jugué a los que llegaron a mis manos. Con más o menos trampa, yo era una criatura. Recuerdo uno, que es el único que sigue en mis estanterías, ya que los otros volvieron a sus verdaderos dueños, que no era como los demás, de un aventurero de capa y espada, no. Iba de detectives. Vamos, averiguar quién ha sido el asesino.

Joder, recuerdo que jugando, en una tirada a los dados (más los pocos puntos de suerte que tuviera tu personaje) te la jugabas a ver si un pedrusco te daba en el coco y te lo habría o por el contrario lo esquivavas con elegancia. Pues sí, ahí se me acabó el juego. Pero no se acabó mi instinto de curiosidad. Tuve que hacer como si nada y averiguar el puto asesino.

Decidí olvidar el nombre del asesino para así poder volver a rejugar el libro en otro momento en condiciones de honradez. Pues nada, ya te digo, un lustro ha podido pasar y todavía sigue en mi recuerdo. ¿Por qué me tengo que acordar de algo que quiero olvidar?

NOTA: Había pensado poner el nombre del asesino, pero qué estupidez, entonces si lo olvidara y leyera el blog mandaría el blog a la mismisima puta mierda (Mi profesor de lengua diria… “Miren una mente pensando”).

¿Qué es?

Marzo 13, 2009

Aún recuerdo aquella exhaustiva investigación que hubimos realizado cuando hallamos aquel objeto que no sabíamos qué era. Lo primero, preguntábamos a gente, que por su mayor experiencia en la vida nos podrían ayudar, y lo peor es que mostraban interés, bien sea por demostrar sabiduría, bien sea por simple curiosidad; pero cuando ya veían el objeto, todos se negaban taxatívamente a revelarnos la función del objeto. Ni siquiera su nombre. Algunos lanzaban preguntas al aire, otros enseñaban una tímida sonrisa, pero nada daba pié a que nosotros, menos conocedores del mundo, pudiésemos averiguar qué era.

Y eso, a esa edad, es lo peor que te puede pasar. Ese afán de conocimiento y curiosidad que nos invadía venía acompañado. Venía acompañado a que nos lo tomábamos como un juego. 

Y entonces nos acercábamos. Algunos más valientes, o insensatos, querían tocarlo. Pero nos habían dicho que no lo tocásemos, y los más precavidos se encargaban de hacérselo recordar. Apreciábamos que parecía húmedo. Parecía un simple plástico. ¿Por qué no lo podíamos tocar? Nos íbamos, y cuando volvíamos, seguía allí. 

A lo largo de aquella mañana, un chaval del barrio que se juntaba poco con nosotros apareció. Decidimos hablarle del hallazgo, y con aires de alteza dijo que quizás nos podía ayudar. Ya desesperados, no perdíamos nada. Incluso si nos mentía, no nos daríamos cuenta, pero por lo menos ya habría acabado el quebradero. Y efectivamente, afirmó que sabía lo que era. 

Más tarde, cuando creyó que ya se había reído suficiente de todos, nos dijo qué era. Un preservativo. Nos hubimos quedado igual. El chaval se fue y no compartió más sus conocimientos. Nosotros sólo nos quedaba nombrarlo delante de nuestras familias esperando una reacción en ellos.

Jodido autobús

Febrero 15, 2009

 

foto de un autobus de granada, para que sus hagais una idea.

Foto de un autobús de granada, para que sus hagáis una idea.

Pues nada, que nos disponíamos a cojerlo y cuando doblamos esquina, vemos que esta en la parada. Me cago en tó. Decido esperar en el paso de cebra, a que nos deje pasar y que nos abra. Se lo digo y conductor, que no tenía ni un pelo de tonto -era calvo- dijo que no, que no nos abría. Y la parada a diez metros. La siguiente parada en verdad la podíamos ver desde nuestra posición. Pero estaba a unos cuántos metros más, no sé decir cuantos. 

Decidimos ir a esa parada, ya que en ella había marquesina para sentarnos y un letrero electrónico que hace una estimación de cuando pasara el siguiente tobús. Fijándonos en él vemos que está parado en la parada, en la que había gente sentada pero no se levantaba, y eso que era parada única.

Andaba yo enfrascado en esos pensamientos cuando me dí cuenta que nos podía estar esperando. Aligeramos el paso. Nos estaba esperando realmente. Resultaba que el ilustre chófer nos estaba esperando. No, si va a ser que era un cacho pan y todo. ¡Me caguen! Se va el tío desgraciao…

Miro el letrero. “Servicios mínimos” Maldita huelga de autobúses… estimaba más de quince minutos -no hace un cálculo para cuando va a tardar más de quince minutos-. Un domingo, a las diez de la noche, la calle vacía, el autobús casi vacío -había tres personas-, y además, ya estaba  parado en el paso de peatones, ¿y no puede abrir la jodida puerta?

Nota: La foto esta en Flickr y es de Le Troadec (clic para ver su galería).

Un amigo se compró un PC hace unos pocos meses y poco despues de la compra descubrimos que la segunda unidad lectora no funcionaba (al parecer no le llegaba electricidad) si bien tampoco recordaban si realmente la habían comprado, y al final no se le dió mucha importancia.

No han sido pocos los días que hemos jugado en su ordenador a juegos actuales como el PES 2009 o el Left 4 Dead, y el ordenador se desembolvía con soltura. Pero hasta hace poco, el ordenador comenzó a apagarse por las buenas. Y además se apagaba y no dejaba encenderse hasta que pasaba un rato, lo que era sin lugar a dudas síntomas de problemas de la CPU. Quizás la BIOS había estipulado apagar el PC cuando la CPU se calentara a una temperatura muy baja (casos se han dado). Aunque yo veía el escritorio donde mi amigo tenía metida la torre y no me parecía muy buena para la correcta ventilación de ésta (por si fuera poco, su anterior ordenador, que tenía la misma mesa, también se reiniciaba cada dos por tres).

Fue entonces que yo le dije que quitara de ahí la torre, para comprobar si se seguía apagando o ya no. A él se le ocurrió que abrieramos la torre para limpiar el polvo de los ventiladores.

Entonces vi la pegatina de garantía, que dice que si abres la tapa entonces ya pierdes la garantía, lo cual me parece una soberana chorrada (¿es que no podemos abrir la tapa sin perder la garantía? vergonzoso). De todos modos, esa pegatina estaba despegada por un lado, luego ya… poco se podía hacer.

Al abrir la torre y estar toqueteando un poco, veo que la unidad lectora no estaba enchufada a la fuente de alimentación, bravo por los ensambladores. Y el problema de los apagados repentinos era que los cables que iban desde la fuente a la tarjeta gráfica, disco duro, placa, etc… se habían acercado mucho al ventilador de la cpu, que no tiene protección, por lo que impedían que girara. Una obra maestra de la ensamblación.

Y pregunto… ¿hemos perdido la garantía por hacer nosotros algo en cinco minutos que si hubieran hecho en la tienda habría tardado no menos de tres días? ¿Nos habrían cobrado porque la pegatina estaba despegada y no lo cubriría, entonces, la garantía? Me parece una verguenza.

¿Bailas?

Diciembre 22, 2008

- ¡Burro!

La mano más hábil de cada uno se dirige con extremada rapidez, de manera casi subconsciente, hacia el centro de la mesa. En cuestión de décimas de segundo las manos conforman un montón irregular, había dedos doblados, y se pudo sentir las uñas clavadas así como el sudor de las otras manos.

Aunque para dejar caer la mano la rápidez es soberbia, tenían que pasar unos segundos para que todos pudieran asimilar de quién era la mano que coronaba el montón, así como también comenzar a asimilar el picor de la palma. Todos fijan la mirada en la mano, contínuan la mirada hacia la muñeca, doblan el codo, siguen por el brazo, del hombro al cuello, luego a la barbilla, y al final reconocen su cara.

Él acababa de gastar su última oportunidad de salvarse. Había perdido. Se le encogió el estómago. Comenzó un clamor colectivo. Golpes en la mesa, palmas, caras de alegría, jolgório, morbo y excitación. Brazos en tensión al alza. Y, por encima de todo, risas. Le había tocado, por desgracia para él, y para suerte de otros.

Abrieron la puerta del portal. Todos miran alrededor pero no había nadie. Estaba desierto. Era lunes, once de la noche. Era raro. Se llevaron una desilusión. Vieron que en la acera de enfrente se acercaban dos individuos, varones, uno de ellos con una complexión digna de tener en cuenta.

- Venga, házselo a aquellos.
- No, no seáis así de cabrones. Un tío te puede meter una galleta.

La desesperación se apoderaba de algunos que ansiaban verle hacer el ridículo cuanto antes. Hubo un par de blancos perfectos, que se dejaron pasar.  Entonces vieron el blanco más perfecto. Una joven, de 17 a 20 años, sola, que venía hacia ellos. Era perfecta. Los demás se hicieron doblaron la esquina, desde donde podían ver pero no interferir.

La chica iba cabizbaja, con las manos metidas en su chaqueta negra que le llegaba hasta las rodillas, e iba a paso ligero. Un par de metros antes de rebasar al que había perdido, éste comenzó su ritual.

- Oye, chica, ¿Bailas conmigo?

Y comenzó a mover todo su cuerpo, que tampoco puede ser llamado bailar. La chica, tímida y educada, le dijo “no, en otro momento”. Pero no podía darse por vencido. Mientras ella aligeraba aún más, si cabe, su paso, el seguía agitando sus brazos al ritmo de la ola y moviendo las caderas al compás de un movimiento de piernas que permitía segirla paralelamente. Le siguió ofreciendo bailar, y nadie podrá saber qué pasaba por la cabeza de la mujerzuela, pero los amigos del humillado no reían más por no poder. Diez fatídicos segundos que perdurarán en la memoria de los allí presentes durante bastante tiempo.

¿Dónde está?

Diciembre 6, 2008

Que alguien me dé la erística necesaria para negar lo evidente.

¡Fiesta!

Noviembre 20, 2008

Sobrevalorada. Únicamente válida cuando la haces con gusto, y no por presiones sociales. Mucho menos cuando es por no quedar mal. Lo peor de todo es que a cualquier cosa se llama fiesta.

Me compadezco de ellos. Por suerte, la personalidad no la venden en dosis.

Pic: Skate (Flickr)