¿Bailas?
Diciembre 22, 2008
- ¡Burro!
La mano más hábil de cada uno se dirige con extremada rapidez, de manera casi subconsciente, hacia el centro de la mesa. En cuestión de décimas de segundo las manos conforman un montón irregular, había dedos doblados, y se pudo sentir las uñas clavadas así como el sudor de las otras manos.
Aunque para dejar caer la mano la rápidez es soberbia, tenían que pasar unos segundos para que todos pudieran asimilar de quién era la mano que coronaba el montón, así como también comenzar a asimilar el picor de la palma. Todos fijan la mirada en la mano, contínuan la mirada hacia la muñeca, doblan el codo, siguen por el brazo, del hombro al cuello, luego a la barbilla, y al final reconocen su cara.
Él acababa de gastar su última oportunidad de salvarse. Había perdido. Se le encogió el estómago. Comenzó un clamor colectivo. Golpes en la mesa, palmas, caras de alegría, jolgório, morbo y excitación. Brazos en tensión al alza. Y, por encima de todo, risas. Le había tocado, por desgracia para él, y para suerte de otros.
Abrieron la puerta del portal. Todos miran alrededor pero no había nadie. Estaba desierto. Era lunes, once de la noche. Era raro. Se llevaron una desilusión. Vieron que en la acera de enfrente se acercaban dos individuos, varones, uno de ellos con una complexión digna de tener en cuenta.
- Venga, házselo a aquellos.
- No, no seáis así de cabrones. Un tío te puede meter una galleta.
La desesperación se apoderaba de algunos que ansiaban verle hacer el ridículo cuanto antes. Hubo un par de blancos perfectos, que se dejaron pasar. Entonces vieron el blanco más perfecto. Una joven, de 17 a 20 años, sola, que venía hacia ellos. Era perfecta. Los demás se hicieron doblaron la esquina, desde donde podían ver pero no interferir.
La chica iba cabizbaja, con las manos metidas en su chaqueta negra que le llegaba hasta las rodillas, e iba a paso ligero. Un par de metros antes de rebasar al que había perdido, éste comenzó su ritual.
- Oye, chica, ¿Bailas conmigo?
Y comenzó a mover todo su cuerpo, que tampoco puede ser llamado bailar. La chica, tímida y educada, le dijo “no, en otro momento”. Pero no podía darse por vencido. Mientras ella aligeraba aún más, si cabe, su paso, el seguía agitando sus brazos al ritmo de la ola y moviendo las caderas al compás de un movimiento de piernas que permitía segirla paralelamente. Le siguió ofreciendo bailar, y nadie podrá saber qué pasaba por la cabeza de la mujerzuela, pero los amigos del humillado no reían más por no poder. Diez fatídicos segundos que perdurarán en la memoria de los allí presentes durante bastante tiempo.
En el espacio
Octubre 26, 2008

Magnífico el humor grafico que gastan en Explosm.
Resumen-balance del verano
Octubre 9, 2008
Me hallaba leyendo (por primera vez, todo hay que decirlo) el conocido, al menos en Granada, Batracio Amarillo. Hoy, que me encuentro con tiempo libre – wohoho, incluso para escribir en el blog- pues he decidido de leerlo. La verdad es que me ha gustado bastante, se han ganado un lector. Además es gratuito -creo-, al menos la versión PDF. Ya sabemos como somos los españoles, que nos tiramos a por lo gratuito…
Y he llegado a una viñeta que me ha gustado tanto que voy a “publicar” aquí. Es del autor Tamay, y la viñeta en sí tiene Copyright, así que yo me limito a reproducirla textualmente, pero para verla, podéis descargaros el PDF de El Batracio Amarillo haciendo ansiosamente click aquí [4.48 MB] (dadle las gracias a JRmora que lo pone a nuestra disposición) y luego buscar la página 23 (aunque el Reader me indica que es la 18).
Bueno, no me enrollo más, que me gusta irme por las ramas. Esta es la viñeta:
- ¿Qué? ¿Cómo ha ido el veranito?
- Pues este verano he follado el doble que el año pasado.
- Ah, ¿siii?
- Sí. Nada de nada.
Nada más que añadir, salvo que os recomiendo la lectura de El Batracio Amarillo
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