Magníficos hombres (I)
Febrero 20, 2009
NOTA: No sé si será una entrada recurrente (así a modo de poner gente que merece mención bajo mi punto de vista) pero bueno, digamos que lo fuese. Se agruparan bajo la categoría “Magníficos hombres”.
La primera va dirigida a mi profesor de filosofía; catedrático, para más inri. Genial profesor. El hecho de que aquí aparezca es motivo de dos pequeñas anécdotas.
*
Una fue cuando entró un grupo recien comenzada la clase, y el último de filipinas no cerró la puerta al entrar. Nuestro ilustre apelaba a la atención del último, pero éste, por lo que fuese, no prestó atención. Las llamadas de atención se reiteraron y entonces el último bajó de su nube. Se volvió por sus pasos hasta conseguir cerrar la puerta y cuando volvía a su pupitre, el docto profesor de filosofía, con ánimo distendido, le dirigió unas palabras:
- Una pregunta quería yo hacerte, seme sincero.
- Pues… -le pilló desprevenido- vale, ud. dirá.
- ¿Tú haces la cama antes de venir al instituto?
Le parecía una pregunta tan inconexa que creyó haber escuchado mal. Repasó mentalmente la pregunta y entonces contestó, no sin una casi inapreciable duda, de manera afirmativa.
- Seme sincero -el profesor dibujó una sonrisa en su casa- sé que no la haces.
- Bueno… -titubeó- a veces.
- A veces, ¿eh? Bueno, ya te hemos arrancado algo. No, creo que no la haces si no es nunca, casi nunca.
Acabó reconociéndolo. No se exáctamente cómo, si bien una idea puedo hacerme; pero el catedrático supo que nuestro perezoso alumno no hacía la cama por haber dejado, quizás inconscientemente, la puerta entornada, que no cerrada.
* *
Recientemente, en un cambio de clase, nos dirigimos no más de cuatro alumnos a los baños, con la desdicha de que se encuentran en el ala opuesta a donde se encuentra nuestra clase y no conforme con eso, en un piso más abajo. Siguiendo nuestra senda nos encontramos con más alumnos sucesivamente que se iban uniendo a nuestra piña para despejar la vejiga.
Salíamos ya todos satisfechos cuando nos cruzamos en el pasillo con el filósofo. Nos vió, reconoció, se paró y formuló:
- Qué bien, esto demuestra como el feminismo avanza a pasos agigantados.
- ¿A qué se refiere, profesor?
- Fíjense, van ustedes en grupo ya a los servicios, tal y como vienen haciendo las mujeres desde antaño.
Un saludo al profesor.