Introducción
Septiembre 19, 2008
Información: Esto es un texto -no sé ni como llamarlo- que empecé hace mucho tiempo -más de un año- y ahora me animo a hacerlo público. Aunque solo tengo unos pocos “capítulos”. Poco a poco iré colgando los que ya tengo y los que seguiré haciendo. Aquí va la Introducción. La he retocado un poco, la original está en mi antiguo blog. Las podéis comparar si véis que llegáis a un aburrimiento extremo. No vendría mal que dejárais vuestra opinión al final, para bien o para mal.
Baja del autobús. Nota las piernas entumecidas. Han sido muchas horas de viaje. Es consciente de la nueva etapa en su vida que está empezando. Está dejando mucho atrás. Demasiado. Pero prefiere no profundizar en sus pensamientos. Estaba ya todo decidido.
Coge su maleta de un maletero lateral del autobús como puede, entre negros, rumanos y otros, más autóctonos.
Es entonces cuando mira lo que tiene a su alrededor. Lo que más le llama la atención es el edificio grande, de un noble color verde, iluminado, del que también destacan sus numerosas escaleras que tiene por un costado. En el mármol está el nombre, “Palacio de Congresos”.
Se acerca a la escalinata, sube unos pocos peldaños y se sienta. Saca el móvil. Batería baja. Busca en la agenda a Alicia.
- ¿Jorge?
- Hola Alicia.
- ¿Ya has llegado? ¿Dónde te ha dejado el autobús?
- Estoy en… en el Palacio de Congresos.
- Voy ya para allá, no tardo.
- Vale, ahora nos vemos.
Era una noche fresca, con lo que bastó que se levantara una suave brisa para notar que hacía frío para estar con una simple camiseta. A pesar de estar acabando el verano, las noches en Granada debían ser frías. Volvió a pensar en todo lo que había dejado atrás. Ahora ya Alicia era su única esperanza. No quería darle más vueltas…
Escuchó gritos. Subió la cabeza y vio a 6 individuos, jóvenes, y que a simple vista se notaba que estaban desinhibidos. Hizo como que no vio nada.
No tenía nada que hacer. La espera se estaba alargando. Un minuto parecía una eternidad. No quería ponerse a pensar… Miró hacia atrás y tuvo que alzar el cuello hasta que sus ojos llegaran al final de las escaleras.
Unos escalones más arriba vio una agenda, negra y rosa. La cogió extrañado. ¿Cómo se puede olvidar una agenda en un sitio como este?
La abrió, y empezó a pasar hojas. No había nada escrito. Hasta que llegó a las hojas usadas. “Friends” como título. Hojas con decoración extravagante, con colores chillones, florituras… le recordó a las agendas escolares de hace años. “Soberana gilipollez”. Tiró la agenda hasta donde, más o menos, la había encontrado.
[La foto se llama Palacio de Congresos y la tomó Micheo. Vía Flickr.]
